LAS OBRAS DEL AMOR

Cuando la capacidad de amar gratuitamente a todo lo que vive, por el simple placer de Amar, haya sido cultivada; ¿qué podéis hacer?

El mundo está lleno de horror y de purulencia. ¿Qué podéis hacer frente a todos estos sufrimientos?

No podéis hacer gran cosa. El mundo es lo que es y no tenéis el poder de cambiarlo. La humanidad, esa prolongación evolutiva de la animalidad está inevitablemente llena de violencias y de egoísmos animales. En ella el psiquismo emerge de la animalidad. En ella el hombre lucha y se debate con sus propias contradicciones. La individualización balbuceante, oscura e inferior, el comienzo de individualización egoísta, violenta y voraz, obtenida en algunos animales superiores, debe depurarse y comprometerse en la vía futura que lleve a una individualidad realizada, libre e independiente de instintos y pulsiones especiales o colectivas. El nacimiento de una individualidad superior y luminosa, este es el fin de la condición humana. Quien lo consigue no vuelve más aquí abajo.

Salvo excepciones a menudo motivadas por la compasión y la necesidad que existe de educar espiritualmente a los hombres. ¡Los mejores se van!. Después del hombre, el ángel o el dios, este es el futuro individual del psiquismo. No vuelven incansablemente a la condición humana, de vida en vidas sucesivas, mas que los psiquismos que aún son incapaces de depurarse suficientemente para superar esta condición. En consecuencia, ¿cómo la humanidad, esa balsa de decantación, ese caldo atormentado en el que se opera las indispensables transmutaciones, podría ser diferentes de lo que es?.

Sin embargo, aún habiendo comprendido esto nos seguimos preguntando: ¿Qué podemos hacer?.

Esta es una primera respuesta. Una respuesta muy simple, que será necesario llevar a la práctica de una manera efectiva antes de querer ir más lejos. Esta respuesta es la constatación siguiente: Vosotros podéis extender el Amor a vuestro alrededor. Podéis establecer una zona de Amor en el círculo de vuestras relaciones. Después de haberlo cultivado, podéis manifestar el Amor. Ninguno de nosotros puede cambiar el mundo, pero cada uno de nosotros es responsable de un pequeño mundo.

Podéis llevar vuestro afecto a vuestro cónyuge y a vuestros hijos, a vuestros padres y amigos. Es un programa concreto. Quien no lo aplica se queda en una espiritualidad de palabra. ¡No oséis hablar de iniciación!. ¡No oséis, sobre todo, el tomaros por un iniciado, si no sois capaces de hacer esto!.

La iniciación no es el resultado de grandes discursos. La iniciación se realiza por medio de una práctica humilde y sincera, en el secreto de la interioridad. Desarrollad, profundizad, iluminad vuestro Amor hacia todos aquellos que os rodean. Haced de lo que quizá sólo era un sentimiento egoísta y apegado, un Amor amplio, desinteresado, despojado de todo espíritu posesivo. Aprended a Amar por el placer de Amar, después sembrar los frutos del Amor efectivo, del Amor que se traduce en actos. Múltiples deben ser las atenciones, las solicitudes, las abnegaciones con las que debéis instaurar a vuestro alrededor el reino del Amor. Instaurad este reino en vuestra familia, en vuestras relaciones, en vuestro trabajo y vecindad.

Es una obra de larga duración, que necesita una voluntad cotidiana, que compromete la totalidad de vuestras actitudes. Pero es la obra que nos incumbe.

Mientras que el Amor no os sea tan natural y espontáneo como la respiración, será necesario hacer esfuerzos por Despertar el corazón y transfigurar vuestra conducta con su luz.

Comprended que podéis aportar la felicidad a algunas personas y que eso en sí es grandioso. Estad atentos, no os contentéis con sentimientos generales, tratad cotidianamente de manifestar vuestro Amor a los que están a vuestro lado. No utilizando absurdas y grandilocuentes declamaciones verbales, sino con la preocupación cotidiana de aquello que les hace feliz.

No os proyectéis sobre el otro. Permaneced atentos, el otro es diferente, sus aspiraciones no son necesariamente las vuestras. El verdadero Amor da, respeta la independencia y ayuda a crecer todo lo que es bello. El falso amor, polucionado por la proyección egótica, se apropia de una forma ficticia del otro, busca hacerlo a su forma e imponerle su forma de ver las cosas. Del falso amor provienen todos los sectarismos. Libraros de su error. El amor falso sirve como pretexto a una voluntad de poder del ego, que utiliza engañosamente la palabra Amor. Aunque el desarrollo espiritual sea el destino final del hombre, no pueden llegar a él mas que los que están maduros. El hombre, ese vicario de Dios, no puede mas que contribuir a favorecer en los otros el desarrollo de lo que la Providencia ya ha depositado en él. Comprender esto, es dejar de proyectarse en los otros, depositando sobre ellos el reflejo de nuestras propias aspiraciones y después imaginarse estúpidamente que la mejor cosa que puede sucederle es el realizarlas. Comprender esto es saber la necesidad de permanecer extremadamente atentos frente a los otros para discernir lo específico de sus diferencias. Aceptad y respetad las diferencias, incluso de los que os son muy próximos. Introducid en la vía espiritual, compartid vuestra espiritualidad con quien se encuentre predispuesto para ella y Amad a los otros tal como son, sin buscar  convertirlos; pero ayudando al crecimiento de las características positivas que le son individualmente propias.

Aunque la expresión concreta del Amor alrededor de uno mismo, constituye la base indispensable de todo auténtico Despertar del corazón, no podemos quedarnos ahí. No podemos limitar nuestro Amor por los hombres a la pequeña y cálida área de nuestras relaciones. Imposible permanecer indiferentes a lo que pasa en el mundo. Henos aquí, pues, sensibilizados con el sufrimiento, con toda categoría de sufrimiento que el hombre pueda sufrir. ¡Cuántas injusticias y atrocidades nos hacen ahora estremecernos interiormente!. Nuestro corazón se ha abierto, hemos roto el pequeño capullo delicado de las preocupaciones personales y egocéntricas. Los sufrimientos de la humanidad son nuestros sufrimientos. Ninguna noción de raza, de patria, de religión, de clase social o étnicas encierra nuestro Amor. Amamos a todos los hombres y sufrimos con ellos.

Teníais un corazoncito mezquino, hipócrita y moroso, y he aquí que vuestro corazón se ha vuelto cálido, luminoso, amplio y generoso, alcanzando las dimensiones del mundo. ¡Qué fuerza!. ¡Qué alegría!. ¡Qué éxtasis!. ¡Qué peso!. ¡Cuanta angustia!. ¡Cuantos tormentos os traspasan!. Aceptadlos y después superadlos. La Luz absorbe siempre las tinieblas. Vuestro corazón que era el campo de batalla de alegrías y sufrimientos personales, se ha convertido en el espacio donde se enfrentan el éxtasis y las miserias colectivas. Abrid vuestro corazón a las dimensiones de la humanidad. Nada os es extraño. Todo está en vosotros. Abrid vuestro corazón a las dimensiones de la humanidad. Atreveros a hacerlo sin miedo, y en vuestro corazón que se ha vuelto universal haced triunfar el Amor.

El sufrimiento es una llamada e incansablemente el Amor responde. Quien llega a ser torturado por los sufrimientos de la humanidad ha alcanzado la receptividad, pero no el Amor perfecto. Su sensibilidad, antes encerrada en el ego, engloba ahora la tierra entera. Es una extensión del yo, pero el yo existe aún y es por eso que sufre. Con la superación del yo llega el fin del sufrimiento.

Cuando habéis comprendido que los sufrimientos de la humanidad son vuestros sufrimientos, cuando resuenan en vosotros, cuando hacéis cuerpo con ellos, daros cuenta, como si fuera un desgarro, que el hecho de sentir pesar, de resentirlos, de recontarlos, es una forma de complacencia para con vosotros mismos, hacia ese vosotros mismos, ensanchado sentimentalmente a las dimensiones de la humanidad. Es por esto que el estadio de hombre de sufrimiento no es más que un preliminar al del hombre de Amor.

Sufrís porque no Amáis lo suficiente. Quien Ama supera completamente los sufrimientos personales y colectivos. Es absorbido por la efusión de su Amor. Los movimientos de su mental se disuelven en el resplandor silencioso de su amor. Cuando los movimientos de la mente se detienen, no existe ya nadie para sufrir, pues el ego, constituido por un conjunto de pensamientos de identificación, de apropiación, de codicia y frustración, ha desaparecido. Sin ego no hay sufrimiento. ¡Podríais retener esto, y sacar todas las conclusiones que se derivan!.

En aquel que se desinteresa del ego histérico, llorón, vanidoso y posesivo, para sumergir su atención en el Amor, ese torrente inalterable que sale de él, lleva a su conciencia  y contra más Ama, menos entretiene su atención en el hecho de detallar mórbidamente, la naturaleza del sufrimiento individual o colectivo.

Cada vez que vuestra atención se hunde en el sufrimiento, la codicia o la angustia, sacadla de la cloaca psicológica y sumergidla en la silenciosa efusión Amorosa.

Quien sufre es pasivo, él sufre. Quien Ama es activo, él da. El sufrimiento del otro motiva la compasión, pero quedarse impotente en su contemplación es una actitud estúpida. Es preciso ahogar vuestro yo en un río de Amor. Desviad vuestros pensamientos de deseos y sufrimientos. En todas vuestras relaciones reales o imaginarias con los otros, contentaros con Amar. Cualquier otro sentimiento no es más que una distracción y un debilitamiento del amor. Amad y olvidad el resto. Que todos vuestros actos y todos vuestros pensamientos dirigidos a los demás estén impregnados de Amor. Con el desinterés y el rechazo de todo lo que no está impregnado y es portador de Amor, viene el fin del ego y el comienzo de la plenitud.

Volveros parte integrante del bálsamo eterno que corre por las heridas de la humanidad. Entonces, aunque los sufrimientos de la humanidad fueran tan altos como diez mil montañas, absorbidos en vuestro Amor, conoceréis la paz interior; mientras que exteriormente vuestra inserción en la trama del tiempo tendrá como objetivo realizar las obras del Amor.

Hay que actuar, y el destino de cada uno designa el lugar que puede asumir para contribuir concretamente, según sus posibilidades, al alivio de los sufrimientos de la humanidad. Con el Despertar del corazón, la vida individual toma sentido. Quien busca participar en la labor colectiva encuentra su lugar.

Las obras del Amor se ordenan en dos categorías. Las obras inferiores consisten en participar en la mejora de las condiciones de vida. Siendo las condiciones ideales aquellas en las que todas las aspiraciones humanas pueden desarrollarse. Las obras superiores consisten en difundir el conocimiento espiritual. Con las obras inferiores una mejora y un alivio momentáneo puede conseguirse. Con las obras superiores una liberación definitiva del sufrimiento es obtenida. Ayudando espiritualmente a alguien lo situáis en el camino de la Eternidad. Es por eso que el don de la Verdad espiritual, que consiste en abrir el camino hacia la Verdad, sobrepasa cualquier otro don. Descuidar las obras temporales es sin embargo un error, pues el hombre debe vivir en las mejores condiciones de existencia posibles, para que ninguna vocación se pierda. Pero dejarse absorber por las obras temporales y descuidar lo esencial es, igualmente un error. Amar integralmente al hombre es Amar estos dos aspectos: Su aspecto temporal y su aspecto eterno. Quien sabe esto equilibra en su acción las obras inferiores y superiores.

Cuando el corazón se ha despertado, los poderes que yacen en él se levantan. Os convertís en ese torrente de Amor eterno que se derrama en el mundo, sobre todos los seres y sobre el hombre que está leyendo. Vosotros sois Eso. Lo sois cada día de una forma más profunda. Contra más se desarrolla en vosotros el sentimiento de que sois el Amor mismo y se intensifica, más sabéis con un conocimiento seguro e indiscutible que no sois este hombre con el que os identificabais antes; y que para vosotros no es más que un objeto de percepción sobre el cual se derrama vuestro Amor; un objeto de percepción entre miles.

El Amor a este hombre, cuando la consciencia encerrada en el psiquismo se identifica con él, es la causa de la esclavitud temporal. Pero cuando el Amor engloba a todo el universo, el hecho de Amar a este hombre como un simple elemento del conjunto, elemento hacia el que no queda la menor identificación, este Amor entonces es liberador.

En vuestra consciencia de existir, o bien sois un hombre que ama, y en ese caso es una sobra y un arroyuelo de Amor lo que se expresa; o bien sois el Amor que Ama al mundo y a este hombre a través del cual percibís el mundo. Tal Amor liberador no contiene ningún apego al hombre, simple instrumento momentáneo utilizado para realizar las obras y el juego del Amor. Este es el último estadio del Amor. Es el Amor último, que implica una total superación del hombre.

Dios es Amor, y por el Amor Supremo os volvéis una parcela de este Dios de Amor. A partir de entonces dejan de existir para vosotros nacimiento o muerte, pues eternamente el Amor se derrama por los universos sucesivos, y vosotros, que en el Supremo Amor habéis perdido vuestra identidad humana, os derramáis sobre los mundos. Fundiros con el Amor, sed uno con Él. No seáis ya el hombre que capta más o menos mediocremente el Amor, sed el Amor que utiliza al hombre. Ser uno con el Amor, es ser eterno en la Consciencia de amor. Vuestra consciencia permanece con aquello que la envuelve. Si el egoísmo humano la envuelve, ella se apaga con la segunda muerte que cierra la vida post-morten; pero si la consciencia individual se funde en el Amor eterno, permanece eternamente en Él.

Hemos visto lo que en nosotros era el animal: esa bestia voraz, movida por diversos instintos. Preocupada por el alimento, el sueño, la copulación. Ese macho o esa hembra, orgulloso o temeroso a las reacciones y gozos corporales y viscerales. Apegada a su territorio doméstico o nacional, manteniendo relaciones de fuerza y a veces de violencia con los otros animales. Habiendo percibido claramente lo que era el animal en nosotros, hemos aprendido a Amarlo y a dominarlo. Tenemos ahora una clara visión del hombre que hay en nosotros: El hombre es ese psiquismo presente en el cuerpo y separado del cuerpo en el momento de la muerte física. No es el aspecto inferior de este psiquismo, habitado por las pulsiones y los instintos animales. Es su aspecto superior que piensa, que razona, que analiza, que se emociona, crea las artes y las técnicas, que conoce el mundo con la ciencia y la filosofía.

Quien percibe claramente lo que es en él el hombre y el animal, sabe que él no es ni lo uno ni lo otro. Él es lo que percibe al animal y al hombre interno. ¿Y quién percibe todo eso?. Es la consciencia. Sin consciencia, no hay percepción. La constatación de esta evidencia lleva a comprender: “Yo soy consciencia pura”.

Por medio de esta consciencia todas las percepciones internas o externas, así como toda ausencia de percepción son conocidas. Ya que todas las limitaciones que hacen de nosotros unas criaturas se encuentran al nivel de las percepciones. La pura Consciencia en ella misma es Infinita, Única, Universal. Esta pura Consciencia, presente en todas las formas de vida, y presente en nosotros mismos, no conoce ni el nacimiento ni la muerte. Ella transciende el tiempo y el espacio. Es Dios mismo. Por lo tanto, mientras que nuestra consciencia se identifique, a través del pensamiento, con la criatura que percibe, estamos sujetos al nacimiento y a la muerte. Pero cuando en el pensamiento, esta identificación cegadora desaparece, la consciencia percibe su propia naturaleza; y gustando el néctar de la indisociabilidad que la une a la Consciencia absoluta de Dios, ella participa de su gloria y de su eternidad.

De la pura Consciencia infinita, que permanece en la beatitud de su reposo inalterable, surge el sueño del mundo fenomenal. En este sueño la Consciencia infinita se refleja, como la luna que se refleja en las múltiples olas de un estanque. Por medio de la desmultiplicación de su propio reflejo, la Consciencia única se encuentra insertada en la trama del movimiento fenomenal. Así, la única Consciencia se convierte en el mundo en la multiplicidad de consciencias individuales. El Único se vuelve el múltiple, para permitir al múltiple, así creado, participar en su beatitud. He aquí por qué la Creación es un acto de Amor.

¿Cómo el Único puede atraer hacia sí al múltiple y permitirle participar de su Gloria? : Derramando sobre él la Gracia de su Amor.

Por Amor, Dios ha creado el mundo; por el amor que derrama sin cesar sobre el mundo creado, lleva poco a poco a las individualidades que lo pueblan a la inefable unión mística. He aquí, por qué Dios en su Manifestación es Amor, mientras que en su No-Manifestación, permanece en su Transcendencia inmaculada de su Pura Consciencia.

Toda Realización Espiritual integral contiene dos aspectos complementarios: el primer aspecto consiste experimentar la inefabilidad, que resulta del hecho de sentirse existir como Pura Consciencia Eterna. El segundo aspecto resulta de la irradiación hacia el exterior de la Inefabilidad Divina.

Es posible aumentar en nosotros la capacidad de irradiación del Amor Divino, al mismo tiempo que ignoramos que esa irradiación emerge de la Beatitud Transcendente, que mora en nosotros como Consciencia Pura. De la misma forma, es posible absorberse en la Transcendencia de la Consciencia Única e Infinita, que permanece tras el mental humano, sin hacer del hacer del hombre un polo de irradiación de la beatitud así obtenida. Estas dos vías son incompletas, y una realización integral es el resultado de un doble trabajo, que podemos resumir de la siguiente forma: Consciencia Trascendente en el No-Manifestado, Amor en lo Manifestado.