AL RESPLANDOR ESPIRITUAL

Existe el mundo de las cosas y el mundo de los pensamientos. Los pensamientos son una realidad que influencia y condiciona el mundo material.

En el estado encarnado estamos encerrados en un cuerpo físico, y por esto conocemos todas las limitaciones de la materia. El desplazamiento en el espacio es muy lento y torpe. Mientras que el desplazamiento en el tiempo se hace en sentido único. Nuestro pensamiento no es tan limitado, él se desplaza de un punto a otro del universo concebible y remonta el curso del tiempo para explorar el pasado, tan fácilmente como puede lanzarse a explorar el futuro.

Existen en nosotros dos hombres: El hombre físico y el hombre del pensamiento. Estos dos hombres son los receptáculos de la conciencia. Después de la muerte únicamente seremos pensamiento. En el presente, a causa de la encarnación, el pensamiento nos parece una realidad secundaria y a consecuencia de este prejuicio en muchos individuos, el pensamiento subestimado no es utilizado en la plena medida de sus posibilidades.

La gente reflexiona sus pequeños problemas cotidianos, inventan máquinas y obras de arte, sueñan para no aburrirse, pero muy a menudo no saben actuar por el pensamiento. Su reflexión está subordinada a la materia. Reflexionan para ordenar su acción física y actuar sobre la materia. No conocen el arte de la acción puramente mental. Ignoran la comunicación de espíritu a espíritu. No comprenden que somos espíritus encerrados en cuerpos y que el mundo de los pensamientos es más importante y más amplio que el mundo físico.

Aprended, pues, a desarrollar en vosotros el hombre del pensamiento. Dejad de ser un cuerpo y volveros un espíritu vestido de un cuerpo.

Comprended con todas las consecuencias que esto implica, que en vuestro pensamiento no estáis limitados espacialmente. Creed antes de verificarlo, que pensar en una persona o en un lugar, es estar psíquicamente cerca de esta persona o de este lugar. Sabed que se puede enviar pensamientos a alguien, y que esta persona los recibe en su espíritu. Lo que se entiende normalmente por telepatía, no es más que la recepción consciente de pensamientos enviados por una persona a otra. Pero en realidad todo pensamiento enviado a otro le llega, ya sea consciente o no. Los pensamientos así recibidos por otro son adoptados, asimilados o rechazados inconsciente o conscientemente por su psiquis, pero ningún pensamiento podrá perderse en algún éter improbable. Todo pensamiento alcanza infaliblemente a su destinatario.

Fuera de todo contacto físico, tenéis pues la facultad de estar en relación constante con las personas que conocéis, ya estén vivas o muertas, es decir encarnadas o desencarnadas. Esta relación no es pasiva, podéis ayudar, instruir y sostener espiritualmente a los otros por medio del pensamiento transmitido a distancia. Tomad consciencia de eso y aprended a utilizar las posibilidades que se os ofrecen.

Evidentemente, existen imbéciles que buscan perjudicar al otro utilizando el poder de su pensamiento. Las ceremonias de magia negra no son más que un soporte que favorece la concentración y la intensidad del pensamiento, que se proyecta así con la intención de perjudicar.

Otros pequeños espíritus, utilizan el arte del pensamiento para influenciar al otro según sus intereses. Existen otros de la clase de los que intentan provocar un sentimiento de amor en él o la compañera que desean. Este género de débiles, no han comprendido la belleza de los sentimientos mutuos y espontáneamente compartidos. Existen, igualmente, los que intentan influir por medio de su pensamiento a su patrón y así subir de puesto. O bien los comerciantes que se esfuerzan por sugestionar a distancia tal o cual clientela, etc., etc...

Abandonamos todas estas mezquindades y afirmamos que debéis, resueltamente, abandonar esta clase de prácticas. El arte del pensamiento no debe ser desperdiciado así. Utilizadlo para cosas bellas y nobles.

Dejad al hombre físico encontrar y amar físicamente a quien le es destinado. Dejad que el hombre físico realice sus tareas físicas con competencia, gane su vida y tenga el lugar social que merezca. No rebajéis al hombre psíquico a tales obras.

Psíquicamente debéis volveros un hombre de Luz. Exento de toda preocupación servil y material.

¡Elevaros!. ¡Creced!. ¡Irradiad!.

Tomar la costumbre de enviar cotidianamente pensamientos de amor espiritual, de luz y de paz, a las personas de vuestras familias, a vuestros íntimos, próximos y amigos. A las personas que conozcáis que están en estado de búsqueda espiritual, y a aquellas que atraviesan períodos difíciles. Hacedlo espontáneamente en diversos momentos de la jornada, representándoos mentalmente una o dos veces sus nombres. A veces de una forma breve y otras de una forma prolongada, enviad vuestros efluvios espirituales. Dejaros guiar por vuestra intuición para determinar quién en el presente y de una forma particular necesita ayuda. No hagáis diferencias entre los vivos y los muertos, ayudad a los unos como a los otros.

Enviad, hemos dicho, pensamientos impersonales de amor, de luz, de paz, de fuerza y de alegría. No enviéis nunca pensamientos precisos, intentando influenciar el comportamiento. Aunque sea con la mejor intención del mundo, no sabéis lo que realmente es bueno y aprovechable para el otro. Aceptad este hecho con humildad. Vosotros no tenéis ninguna percepción del destino del otro, tampoco hagáis caso del mental razonador que pretende saberlo todo y decidir arbitrariamente lo que deberían hacer los otros. Sugestionar al otro por medio del pensamiento para que deje de hacer esto y haga aquello, o adopte tal o cual comportamiento, es actuar mentalmente de una forma errónea. Aunque estéis convencidos de tener razón, es erróneo.

Vuestra acción mental debe ser impersonal. No debe mancharse con ningún juicio, ninguna apreciación emitida por la personalidad. Renunciando a influenciar al otro, de la manera precisa que creéis que es la mejor para él, contentándoos con enviarle pensamientos positivos, os volvéis un impersonal canal de la Gracia Divina.

Enviad, pues, al otro pensamientos de amor, de alegría, de fuerza, de luz, de paz, de sabiduría, de conocimiento espiritual y desarrollo. Hacedlo sin preocuparos de la forma en que él la utilizará. Derramad sobre él una ola de pensamientos luminosos, sin querer influenciar su comportamiento de tal o cual forma particular. No queráis saber, ni verificar si vuestra acción mental es eficaz. ¿Qué sabéis vosotros del misterio de la interioridad de los seres?. Contentaros con hacer irradiar vuestro pensamiento y colmad espiritualmente al otro. Volveros un sol espiritual, y como un sol alimentad a los seres. Absorberos en la alegría, la exaltación de esta obra. No busquéis ningún resultado, ni esperéis ningún reconocimiento. Guardad en secreto vuestra acción. Conoced la alegría de ser una impersonal y benéfica manifestación de la Luz Divina.

Derramad vuestra Luz sobre el mundo. La forma en que la gente capte o se cierre a esta Luz no os concierne. Ellos son libres. Aceptad y respetad su total libertad. Dar la Luz no es imponer la Luz.

De la misma manera impersonal, en otros momentos, haced irradiar pensamientos de amor y paz sobre la humanidad entera. Desead ardientemente que todos los hombres sean transformados por la Gracia y que se sumerjan en una inalterable unión con el Absoluto. Ved la Luz espiritual derramarse sobre ellos e iluminarlos. Acompañad mentalmente este flujo. Volveros un oculto instructor de la humanidad. Participad en la realización de la Redención general.

Dirigid vuestros efluvios a los espíritus desencarnados para que en su vida post-morten evolucionen hacia lo Divino.

Haced igual por los animales y el reino vegetal. ¡Sobre ellos fuerza, crecimiento y desarrollo!. Evolución, igualmente en el reino mineral, que lleva en sí a la consciencia. ¡Que la Luz espiritual descienda siempre cada vez más profundamente en el seno de las oscuridades de la materia!. Ved la materia llenarse de Luz. Sentid su presión rechazando la densidad de las tinieblas del inconsciente. Que vuestro pensamiento en esta irradiación englobe la totalidad de las galaxias.

Enviad pensamientos de amor y paz a los demonios y a los seres inmateriales vueltos hacia el mal. Objetivad su forma horrible y desead llevarles un alivio a su tormento. Sentid su hostilidad y su resistencia a la Luz. Luchad contra ellos para permitir que la Gracia penetre en sus dominios y así los que lo deseen puedan elevarse hacia el arrepentimiento.

Dirigid pensamientos de amor y de luz a los seres angélicos absorbidos en la contemplación de la gloria Divina. Sentid una benéfica comunicación establecerse con ellos. Entre estos seres, igual que entre los hombres, los hay quienes están espiritualmente Realizados. Los efluvios que os enviarán de vuelta serán una delicia que iluminará y guiará vuestro camino. Pero constataréis que numerosos seres angélicos están ligados a una beatitud formal. Ayudadles y animadlos a superar las bellezas formales y a fundirse en el infinito informal.

He aquí el panorama del trabajo espiritual al que estáis invitados. Tomad la costumbre de realizar este trabajo en momentos de libertad, que anteriormente quizá no eran más que momentos de ocio.

Quien ayuda al otro, se ayuda a sí mismo y esto por varios motivos: En razón de la unidad que une a todos los seres, los cuales no están separados más que en apariencia. En razón del mérito que se acumula y que fructificará en el destino del porvenir. Y finalmente, en razón del Poder que desarrolla cada tipo de don. Así, ayudar mentalmente a los hombres, los desencarnados, los seres demoniacos y los seres angélicos, es en cada caso adquirir un Poder de realización personal correspondiente.

Todo Poder puede ser recuperado por el ego. Es recuperado cuando es utilizado con fines personales. Todo Poder de cuya función el ego se apropia, se vuelve incapaz de servir a la evolución espiritual de la individualidad. Velad, pues, siempre para ayudar de una manera impersonal.

Volveros un salvador de la humanidad. Sin falsa humildad. Creer en sus pecados es reforzarlos. Negad vuestras imperfecciones para volveros perfectos. Sois potencialmente un ser perfecto, y lo vais a llegar a ser de manera efectiva. Deciros: “Yo soy puro y perfecto”. Creer en la perfección es crearla y poderla hacer irradiar. Toda imperfección no es más que una sombra pasajera. Despertad los tesoros de Amor y de Luz que lleváis dentro de vosotros.

Tomad la costumbre de contrariar todo pensamiento negativo que surja en vosotros, produciendo en seguida y voluntariamente un pensamiento que le sea contrario. Volveros mentalmente un ser radiante.

Cuando tengáis o hayáis tenido una diferencia con alguien, perdonadlo lo más rápidamente posible y enviadle pensamientos de amor. Aunque la persona sea malévola y os haya hecho el mal más grande, es preciso vencer en vosotros la resistencia oscura, forzaros a perdonarle sinceramente y a amarlo. Si se trata de desconocidos haced lo mismo. La cultura de los pensamientos luminosos debe acompañarse de la represión de todo acto mental negativo. Es preciso atrofiar en vosotros toda capacidad de odio, de rencor, de celos o de mala intención.

Aún siendo conscientes de todo el trabajo que os queda por hacer, trabajar por realizarlo. Cultivad una alta idea de vosotros mismos y esforzaros por no caer frente a ella.

Sois un ser de luz. Sois lo Divino encarnado en un cuerpo de hombre.  El recordar su Divinidad, es encontrar la perfección que le acompaña. Mientras que os toméis por un hombre, sed humildes. Pero cuando el alba del conocimiento se levante y acabéis, verdaderamente, por comprender que sois el Dios único y absoluto, el tiempo de la humildad, resultado de la identificación con el hombre, se acaba y comienza el del resplandor.

Afirmad vuestra Divinidad y despertarla en los otros.

Habiendo tomado consciencia de vuestra Divinidad, volveros un redentor de la humanidad. Vuestra encarnación, desde ahora, ya no tiene otro fin que el de llevar la Luz a la humanidad. Guardaros de todo discurso grandilocuente y de todo proselitismo verbal intempestivo. No habléis de espiritualidad más que a los que desean que le habléis de ella. La Luz verbalmente dada a quien no está interiormente dispuesto a recibirla, puede desviar del Sendero a las individualidades. No debéis convertiros en un misionero alborotador que no ha comprendido más que le aspecto exterior de la Verdad. Sed un Sabio oculto, que en el silencio de su interioridad, instruye impersonalmente a la humanidad entera.

Habiendo practicado todo lo que acabamos de decir, superadlo. Superad la cultura y el resplandor de los pensamientos positivos e impersonales. Remplazadlo con la difusión del silencio.

Iniciaros en el silencio interior, cuya influencia resplandece en todas direcciones hacia la creación. En este silencio no hay ya ningún pensamiento formulado, es un puro, informal e inefable efluvio espiritual.

La emisión de pensamientos positivos e impersonales os guiará hasta este resplandor del silencio, el cual contiene la quintaesencia de todos los pensamientos y todas las influencias positivas. En el silencio resplandeciente de la Luz del Despertar, si formáis mentalmente la imagen de una persona o de varias personas, éstas reciben en el momento más útil un influjo benéfico. Si no formáis ninguna imagen, la difusión se efectúa hacia toda la humanidad.

En el silencio está la plenitud de vuestro Despertar que proyectáis en una bendición poderosa. Quien conoce este silencio dinámico y fecundador es verdaderamente un Sabio oculto.

Sin pensar en nada preciso, el Sabio oculto, vuelto un puro catalizador de la Gracia, deja la inefabilidad de su Realización espiritual derramarse sobre el mundo.

Cuando está sentado, resplandece en todas las direcciones del espacio.

Cuando se desplaza, purifica la tierra al recorrerla. Tal es su sentimiento, mientras que estime al mundo como exterior a él mismo; y cuando realiza que el mundo, proyección del único mental está en él, ve la Luz Divina impregnar la totalidad de los fenómenos percibidos.