COMPORTAMIENTO

La realización del Despertar constante, necesita una preocupación constante y exclusiva. Cualquier otra investigación apasionada, cualquier otro deseo, cualquier otro propósito distinto del Despertar, constituye un obstáculo en su instalación permanente y debe ser descartado.

El Despertar por sí mismo no excluye ninguna clase de actividad. Vosotros podéis estar en el Despertar en no importa qué tipo de acción. Rechazar el rugby o la guerra como siendo incompatibles con el Despertar es tan erróneo como rechazar la meditación o la oración. En un caso como en el otro, es el mismo error.

Si yo creo que el Despertar es incompatible con la acción violenta, yo rechazaré la guerra y el rugby. Por el contrario, si yo digo: “el Despertar es independiente de la meditación y de la oración pues es preciso rechazar todas las prácticas espirituales”, cometo un nuevo error en sentido inverso. En realidad, ningún tipo de acción debe ser rechazado en el nombre del Despertar, puesto que el Despertar es posible en el seno de toda clase de acciones.

Sin embargo, desde un punto de vista relativo, debemos constatar que en el silencio meditativo, el Despertar es más fácil de instaurar para el debutante que en el seno del fragor de la guerra o de la excitación de una competición. Y ésta constatación pragmática justifica el hecho de que se le pida al debutante evitar todas las acciones violentas y apasionadas.

Además, en eso reside el valor de todas las técnicas auténticamente espirituales. De una manera u otra, instauran un estado de calma que favorece la toma de consciencia del Despertar. Pero ello es completamente relativo y debe ser superado cuando uno ha progresado algo, pues aquel que redujese su Despertar a los momentos de recogimiento, caería en una trampa.

Si ninguna actividad debe rechazarse, la exigencia del Despertar está prescrito en cualquier actividad, es preciso que sea el Despertar y no la finalidad de la actividad la que se haya de perseguir.

De este modo, si la práctica del rugby o el cumplimiento del deber militar constituyen para mí un fin en sí mismo yo no puedo alcanzar ni mantener mi Despertar. Para alcanzar el Despertar, es preciso que mi único y exclusivo objetivo, tanto jugando al rugby como siendo soldado consiste en permanecer plenamente despierto.

El asunto de la guerra o del partido deportivo debe ser para mí completamente secundario. Yo actúo sin estar apegado a los frutos positivos o negativos de mi acción.

Del mismo modo, si medito o hago oración de modo interesado, es decir una oración en la que el fin es obtener algo para mí o para los otros, el camino del Despertar estará cerrado. Paralelamente, una meditación que se realice para obtener la liberación, la perfección, el progreso espiritual, el paraíso, me aleja del Despertar.

El criterio del Despertar es único: cuando juego al rugby, cuando combato con el enemigo, cuando rezo o medito, yo estoy plenamente atento. Mi único propósito, mi única ambición es estar plenamente atento, conservando una consciencia intensa.

El deseo del Despertar es un deseo sin contenido. Yo no deseo el Despertar por esto o aquello. Yo deseo el Despertar por el Despertar. Yo deseo el Despertar, pues el gusto del Despertar ha germinado en mí.

Desear el Despertar para obtener el conocimiento transcendente, la beatitud o la liberación, es caer en una trampa mental que me conducirá hacia la idea de la liberación, del conocimiento o de la beatitud.

¿Dónde se encuentra esta noción de la liberación sino en el seno del mental, que después de haber segregado la noción de aprisionamiento engendra la noción contraria?.

En el Despertar verdadero no hay liberación ni aprisionamiento.

Si en el instante mismo, usted se despierta, ¿qué sucede?. Usted toma consciencia de que hay un hombre leyendo. Usted toma consciencia del aire, de los ruidos, de los olores, de la luminosidad de la habitación, de los movimientos del mental, del silencio interior, de las sensaciones corporales. Usted percibe todo esto: todo este conjunto de fenómenos que recorre delante del eterno vacío y el silencio de vuestra presencia inmaterial. ¿Dónde está el aprisionamiento?. No hay aprisionamiento. ¿Dónde se encuentra la liberación?.

No hay liberación. Vosotros sois eso que habéis sido siempre, la consciencia eterna, sin forma, vacía de contenido, sin límite, presente por doquier, eternamente inactiva, sin comienzo ni fin, más allá del tiempo y del espacio, espectador del hombre. Vosotros sois eso, no hay más que decir. Vosotros no os habéis convertido en eso en un momento u otro, eso lo habéis sido siempre.

Para hablar de liberación es preciso haber perdido el Despertar. Es preciso haber entrado en los arabescos y las concepciones del mental. Está en él, en él solamente se encuentran las nociones de realización, liberación, aprisionamiento, ignorancia y conocimiento.

Cuando usted ha despertado, usted ve eso que constituye el instante; es extraordinario e indescriptible. Usted percibe la inmutable interioridad transcendente que engloba la exterioridad y contiene el movimiento fenoménico.

Resulta una plenitud que no excluye nada y dentro de la que ninguna formulación mental relativa a la liberación o no liberación tiene cabida. Este tipo de noción forma parte de un viejo sueño olvidado.

Despertarse para obtener la beatitud es totalmente erróneo. El hombre sufre, se le dice que en el Despertar hay beatitud. Y he aquí que se interesa por el Despertar.

Todas las falsas espiritualidades están basadas sobre la promesa de algo que obtener aquí abajo o en el más allá.

En realidad por el Despertar, usted descubre que vuestra presencia inmutable, esta presencia que es vuestra consciencia percibiendo el instante mismo, se encuentra más allá de los sufrimientos y de los gozos, que se manifiestan como fenómenos percibidos. La serenidad inmutable de esta presencia intemporal, contiene una plenitud totalmente diferente de los gozos y de las penas experimentadas por los hombres. Esta plenitud, esta serenidad, es una beatitud eterna. Sin embargo no creáis que el Despertar excluye el sufrimiento. El sufrimiento forma parte del mundo, del mismo modo que el gozo, y el Despertar no es una retirada fuera de lo que existe. Es al contrario, la total aprehensión de lo que es. En la percepción del Despertar, el sufrimiento humano está incluido. De este modo el Despertar no es una huida más allá del dolor. Descubrir la beatitud del Despertar, no es más que conocer el sufrimiento cuando penetra en vosotros.

Aquellos que quieren escapar del sufrimiento pueden llegar a abstenerse más o menos perfectamente, cultivando la insensibilidad, la abstracción sensorial o concentrándose fuertemente en otra cosa. Pero ello implica técnicas de faquirismo y no tiene nada que ver con el Despertar. Estar despierto es estar plenamente atento tanto al gozo como al sufrimiento. Cuando amanece es el momento de estar atento a la belleza de la mañana. Durante la actividad de la jornada, es el momento de estar atento a todas nuestras obligaciones. Cuando llega la paz de la tarde es el momento de estar atento al dulzor de la disolución nocturna. Cuando llega el sueño es el momento de estar atento para entrar en él con toda consciencia. Dejando pasar las fantasmagorías oníricas y sumergiéndose en la gloriosa vacuidad del sueño profundo.

En el reencuentro con el ser amado, en su agonía. En la belleza del reencuentro y en la belleza de su partida hacia la muerte. Es el momento de estar atento.

En los esplendores de la naturaleza y en la grisura de las ciudades es el momento de estar atento sin preferencias y sin rechazo.

Toda preferencia y todo rechazo es una pérdida de la atención total. Es la entrada en el edificio de las consideraciones mentales, en los inútiles laberintos del pensamiento.

Sin embargo, no caigamos en la rampa contraria, no rechacemos el pensamiento. Rechazar el pensamiento es cometer el error de un esfuerzo mental negativo. Cuando aparece una consideración, un juicio de valor, en nuestro Despertar, lo consideramos con una lucidez objetiva. Lo tomamos por lo que es realmente. ¿Qué es sino un simple fenómeno mental que miramos aparecer y después desaparecer?.

Pretender ignorar un fenómeno es tan estúpido como querer cultivarlo. Dejemos pasar los fenómenos mentales. Querer ignorarlos o querer cultivarlos es olvidar la exigencia del Despertar. El  Despertar exige que permanezcamos atentos. Atención a todo lo que pasa y a lo inmutable que permanece detrás de lo que pasa. Tal debe ser nuestro único objetivo.

El Despertar no persigue alcanzar nada y porque no busca nada que obtener no excluye nada. El Despertar auténtico da la espalda a los que buscan el sufrimiento en el ascetismo, y a los que buscan el gozo. El Despertar consiste en permanecer atento y lúcido en el gozo y en el sufrimiento. El Despertar consiste en permanecer atento a cada instante en tanto que consciencia inmaterial. El Despertar consiste en vivir, a partir del punto de vista de la consciencia. En permanecer en tanto que consciencia. Y en percibir al hombre, sus pensamientos, sus sentimientos y sus sensaciones en tanto que consciencia. Consciencia inmaterial no limitada al cuerpo. Consciencia indiferente. Que el hombre evite espontáneamente el sufrimiento, que se cure cuando está enfermo, y que retire su mano de un objeto caliente, forma parte del orden de las cosas. Ello implica el funcionamiento normal del cuerpo humano, pero no tiene nada que ver con el Despertar. El hombre debe continuar actuando según sus objetivos y sus motivaciones, utilizando para ello su sensibilidad, y su reflexión; pero durante este tiempo, lo que importa en la enfermedad, los cuidados o la curación, es que estemos atentos, que permanezcamos en tanto que consciencia inmaterial. El hombre prefiere la curación a la enfermedad: nada más normal. Se trata de conservar la salud, es natural. ¿Pero qué nos importa eso a nosotros, que somos el testigo de la enfermedad y de la salud?.

Vosotros estáis despiertos cuando percibís que el devenir de hombre os resulta totalmente indiferente. Se trata de un simple espectáculo que no os concierne de ninguna manera. ¿Cómo el vacío infinito de vuestra consciencia podría ser afectado por los fenómenos fisiológicos o psicológicos?.

Esta comprensión se sitúa en la percepción, no tiene nada que ver con las acciones físicas o mentales del hombre. El hombre reflexiona sobre las causas de la enfermedad, el hombre actúa para curarse, pero mientras esto se produce, usted permanece instalada en la transcendencia inmutable e indiferenciada.

Algunos confunden el nivel humano con el de su Naturaleza, y el de su verdadera identidad inmaterial. Han impuesto al hombre una conducta indiferente. Esto es el fruto de una confusión del mental. Confusión en la que el mental se refugia en la idea de indiferencia. Mientras que en realidad la indiferencia del Despertar se sitúa más allá del mental. Es la indiferencia de la consciencia que percibe, y que no está implicada en eso que percibe. Es la indiferencia de la consciencia para la cual la vida humana no es otra cosa que un sueño efímero atravesando su eternidad.

Cuando el mental escucha hablar de esta indiferencia quiere captarla e imita a su nivel la indiferencia ascética.

Todas las perversiones y las deformaciones de lo espiritual son porque el mental quiere captar lo que permanece inaprensible por siempre para él. En su esfuerzo de aprehensión crea múltiples confusiones que impiden la comprensión correcta del Despertar transcendente.

La verdadera indiferencia del Despertar no está en la acción. No está ni en la acción que rechaza curar al cuerpo o permitirle el placer, ni en la acción que cura o procura la satisfacción.

La verdadera indiferencia del Despertar percibe cualquier cosa de la misma manera. Ve el bienestar, la aparición del sufrimiento, su mantenimiento o su desaparición con idéntica mirada. Ve al hombre luchar contra la enfermedad, en razón de una reacción y de un instinto de vida que le es natural. Le ve triunfar o fracasar en su lucha con una inalterable ecuanimidad.

Purificaos por la lucidez del Despertar. El hombre debe actuar a su manera. No hay restricciones para él. Permaneced despiertos y dejad al hombre ir libremente por el mundo. Dejarle actuar a su manera según sus predisposiciones y aspiraciones.

No confundiros con él. Decir que el hombre debe ser como esto o como aquello para que de esta manera ocurra el Despertar, es confundirse siempre con el hombre.

Rechazar el ascetismo, no es rechazar toda disciplina. Algunos caen en la trampa del mental que dice: “es necesario rechazar todo esfuerzo, toda disciplina y toda privación”. Todo eso es infantil. Por lo tanto, dejad al hombre actuar libremente a la luz del Despertar. Es normal que el individuo evite el sufrimiento inútil, pero es igualmente normal que se imponga determinados sufrimientos y ciertos esfuerzos voluntarios en función de los propósitos que quiera alcanzar. Es el hombre que practica la disciplina espiritual, la cual le es excelente. El abandono o el mantenimiento de la disciplina espiritual no os aporta nada a vosotros que sois consciencia. Pero la disciplina espiritual es excelente para el hombre.

El sufrimiento del alpinista que conquista una cima, el control de sí-mismo que se requiere para realizar un ayuno, el esfuerzo de quien resiste a una tentación de adulterio, no tiene nada de incompatible con el Despertar. Todo esto se sitúa al nivel humano y no al nivel del Despertar. Lo que importa es no confundirse con los dos niveles. Que el hombre continúe haciendo esfuerzos de purificación pero dejad definitivamente de confundiros con él.

Cuando estáis despiertos, puede que entre los fenómenos percibidos, una pulsión carnal aparezca. ¿Qué hacéis?. Vosotros permanecéis despiertos, es decir atentos a vuestra realidad de pura consciencia. Ese fenómeno que es un deseo carnal y que sentís, provoca en reacción otro fenómeno igualmente observado por vosotros mismos: el del recuerdo mental de la decisión de fidelidad conyugal. ¿Qué hacéis?: os contentáis permaneciendo en el Despertar. Es la única y sola respuesta valiosa.

Permaneciendo en el Despertar, sois el espectador de la lucha entre la tentación carnal y la ética de la fidelidad conyugal. Este combate que se sitúa en el mundo de los fenómenos no os concierne de ninguna manera. Pues vosotros sois la eterna consciencia espectadora, vacía de contenido y sin límite. Sin embargo, debido a vuestro Despertar y a la lucidez que procura a nivel humano, se produce el fenómeno siguiente: el hombre no se deja llevar por la tentación.

Es así pues la claridad del Despertar, si bien no actuante, sí influencia al hombre a la manera del Sol que sin actuar al nivel formal provoca el crecimiento de las plantas.

Cuando estáis despiertos, es decir, cuando la presencia en vosotros mismos en tanto que consciencia infinita es intensa, el hombre está pleno de una lucidez perfecta. Entonces percibir el impulso carnal con una perfecta lucidez, lo que equivale a verla tal cual es realmente, es ser capaz de resistirla automáticamente.

En la lucidez del Despertar, el encanto y el poder de seducción de las tentaciones son disipadas, pues cuando la naturaleza real de las tentaciones es claramente percibida, se trata de simples fenómenos desprovistos de todo atractivo. Entonces la voluntad del hombre no tiene ninguna dificultad en resistir a este impulso.

Constatamos por lo tanto, que el hombre actúa negativamente únicamente porque no está iluminado por la luz del Despertar. Las pulsiones negativas arrastran al hombre porque nos identificamos con ellas y porque no tenemos una clara visión de su verdadera naturaleza.

Si una pulsión de sexualidad, de violencia, de avaricia o de orgullo es considerada debido a mi identificación errónea como siendo “mi” deseo sexual, “mi” ansia de pegar, “mi” pasión por el dinero, “mi” orgullo, es muy tentador ceder a este impulso. Y resistir se revela a veces frustrante. Pero cuando gracias a mi atención al momento presente en la cual yo me siento ser pura Consciencia inmaterial, esa clase de manifestaciones es percibida como simples fenómenos, fenómenos que nos parecen poco agradables e inoportunos, vencer el deseo que conllevan es fácil.

Toda tentación se reviste con una máscara seductora para aparecer deseable al hombre. Es como un monstruo odioso que se escondiese bajo una bella apariencia. Por la lucidez del Despertar, arrancamos la máscara engañosa y el hombre ve entonces el deseo sensual como una simple pulsión animal buscando arrastrarle y dominarle. Entonces, en esta clara percepción, experimenta un placer en dominar sus instintos y al hacer esto permanece auténticamente humano en lugar de encontrarse en el nivel de una bestia en celo.

El único camino que tenemos que realizar tanto en la tentación como en cualquier otra situación, es reforzar nuestra presencia, nuestra sensación de ser consciencia pura. Comprendamos esto definitivamente: todo circula en la instauración del Despertar. Si buscamos el Despertar y debemos buscarlo continuamente, la transformación al nivel humano resultará inevitable.

Busquemos el Despertar y la modificación purificadora del comportamiento humano nos será dada por añadidura. No por cierto sin esfuerzo humano, pues el hombre debe vencer la tentación por la lucha espiritual pero porque el Despertar dará al hombre la fuerza necesaria.

Si mi atención se concentra en la búsqueda de un comportamiento virtuoso, yo me convertiré en virtuoso. Yo seré a la vez virtuoso y limitado. Por el contrario, si mi atención se concentra constantemente en la lucidez atenta del Despertar a mi realidad de pura consciencia, proporcionalmente a mi capacidad de Despertar, el hombre será más capaz de practicar la virtud sin esfuerzo.

Querer ser virtuoso es encerrarse en el hombre. Buscar el Despertar es al nivel humano constatar que la ausencia de virtud es desagradable y por eso se practica, de manera espontánea, lo que en ese nivel se llama virtud, pero que de hecho no es más que la conducta normal y sana del hombre no deformado, ni pervertido.