FIN DE LA BÚSQUEDA

A veces sucede, que sólo su voluntad de búsqueda separa al peregrino de la ciudad santa, en la que toda meta acaba y donde toda paz se vuelve inalterable.

El peregrino ha caminado durante mucho tiempo, ha abandonado las falsas espiritualidades y el aspecto periférico de las verdaderas espiritualidades. Ha llegado al centro del laberinto. Allí donde toda verdadera espiritualidad conduce. El centro universal común a todas las tradiciones que está hecho de inefable vivencia.

El peregrino del que hablamos, y nuestras palabras sólo se dirigen y sólo son válidas para él, sabe que él es distinto del hombre y conoce por experiencia su intemporalidad e inefable Naturaleza, hacia la que la han llevado su ímpetu místico. Sabe que su esencia última es una con Dios.

Sabe todo eso y, sin embargo, continúa buscando.

¿Qué más se puede encontrar?.

En verdad, bravo peregrino, has llegado al final del camino. Cuando la Unidad es conocida por la experiencia y comprendida por el intelecto no hay ya nada más que encontrar.

Realmente te has acostumbrado a caminar. Has cogido tal costumbre de buscar que esto y solamente esto, te impide darte cuenta de lo que has encontrado.

Pero, tú dices: “Estoy aún en pleno desierto, mi vida no es perfecto, mi conciencia de la unidad es débil e intermitente, ¿dónde está la ciudad santa, dónde pues, está el oasis Supremo?.

Deja ya todas esta imágenes: La ciudad santa está en ti, desde la primera percepción de la Unidad transcendente e Inmanente, tú has llegado.

Pero eso es aún equívoco y pertenece al espejismo de la búsqueda. Este espejismo que no es más que el espejismo de tus propios fantasmas. Pues en verdad, ningún peregrino llega a ninguna parte.

¿Dónde querrías llegar?. Tú ERES la Verdad. Tú ERES el que ES. No existe ningún sitio, ningún lugar, esfera, plano de existencia o neón, ningún estado de conciencia en la que resida más particularmente la Verdad y la Realidad.

La Verdad está por todo.

El universo entero reposa sobre Ella.

Se conoce la Verdad o bien no se la conoce, eso es todo. Y este conocimiento es efectivo o no lo es, de instante en instante.

Tú que conoces la Verdad que engloba todo, ¿por qué buscas?. ¿Por qué te obstinas en la ilusión de la separación?.

¡Cuantas esperanzas, cuantos deseos y ansias secretas hay en esta ilusión!.

Puedes llorar peregrino, pues si comprendes lo que te explicamos, sin trampas, sin revestirlo con los meandros ilusorios que segrega el mental; si comprendes verdaderamente vas a perder tus últimas ilusiones. Estos serán los últimos dolores del alumbramiento espiritual.

Vas a dejar de buscar y comprender que has encontrado.

No se trata de estudiar un nuevo aspecto de la espiritualidad. Desde este instante puedes comprender, en el cegador desgarro de un relámpago revelador que la búsqueda ha acabado.

Deja, abandona tus últimas esperanzas, tus últimas ilusiones, deja de esperar y realiza por la comprensión.

¿Dónde quieres llegar?.

¿Dónde quieres ir?.

¿Qué quieres alcanzar?.

Tú eres esta Verdad que buscar exteriormente de ti mismo.

Un peregrino ardiente y sincero puede buscar durante siglos. Puede buscar durante eternidades. Pero dejará toda búsqueda cuando comprenda, que él mismo era el destino que en sus sueños proyectaba a lo lejos.

¿Vas a comprender eso, o bien vas, una vez más, a volver a las fantasmagorías del mental buscador?.

Si tienes la percepción interior de la Verdad no existe nada que esperar, nada que purificar, nada que perfeccionar, nada que realizar.

No dejes más al mental crear el espejismo de la distancia.

En este mismo instante, tú eres el Ser Eterno. Tú eres aquel que no tiene comienzo ni fin. Tú eres el que juega el juego del mundo y no tiene nada que adquirir.

¡Vas a comprender al fin!. Es preciso que hundamos esta comprensión desintegrante en tu ego rebelde.

No existe más que un Solo y Unico Ser; cuya Realidad engloba lo Manifestado y lo No-Manifestado.

Comprende esto y explícanos después de que es lo que aún hay que buscar.

La búsqueda es una enfermedad del espíritu. El materialista busca un conjunto de posesiones y de goces. Está tenso por el deseo y la esperanza. “Seré feliz cuando tenga esto o aquello”. A veces lo obtiene y es fugitivamente feliz. Pero existen siempre cosas nuevas que desear y nuevas cosas que buscar. Existe, igualmente, el reverso de la medalla, la creencia en la posesión separatista que se acompaña indudablemente de la experiencia dolorosa de las privaciones posesivas. Y después está la muerte que es para él la privación definitiva.

El espiritualista es aún más ambicioso y, por tanto, más enfermo. De hecho se puede definir la espiritualidad como el paroxismo de esta enfermedad. Felizmente los paroxismos pueden ser liberadores. Por tanto, el espiritualista es un enfermo, es un enfermo de búsqueda y esperanza, pues él querría un goce, una tranquilidad, una beatitud, un éxtasis, en absoluto momentáneo, si no eterno.

El espiritualista pretende estar desapegado, ¡qué broma!. Es un pillo, se desapega de lo efímero pero es con la esperanza de encontrar algo mejor. El hipócrita renuncia, a veces teatralmente, a algunas posesiones pasajeras; critica el espíritu de posesión y de avidez, mientras que él mantiene secretamente una avidez mucho más intensa que la que ha sublimado. Quiere poseer el Absoluto. Quiere, definitivamente, dejar de sufrir en el Paraíso o Nirvana. Quiere gozar de una beatitud eterna, y sobre esto toma garantías, pidiendo explícitamente a los dogmas religiosos que le den un seguro formal. Pues si acepta adoptar un credo, respetar una moral o seguir una disciplina espiritual quiere que esto sea “pagado”. Su compromiso es una especulación donde el ego piensa que a la larga encontrará su compensación.

Pero todo esto no es más que una ilusión. La ilusión comienza con el sentimiento de separatividad; la ilusión continúa cuando, en el seno del sentimiento de separatividad, el deseo de adquisición material o espiritual aparece.

Comprended esto: Vosotros no podéis adquirir, poseer, alcanzar o esperar nada, ya que sois parte indisociable de la Totalidad eterna, a la vez inmutable y móvil, universal e individualizada del Ser único.

En lo que sois, en el momento mismo en que leéis, se encuentra la meta de vuestra búsqueda espiritual. Sí, este hombre dotado de un cuerpo fuerte o débil, joven o viejo; este mental lleno de pensamientos, quizás, mediocres. Este mundo lleno de violencias y de crímenes. Todo esto constituye un estado de conciencia, que es una expresión directa e indisociable del Ser Eterno. Todo esto sois vosotros mismos, pues sois inseparables del universo. Igual que el universo es indisociable de la transcendencia, de la que ha salido.

Aceptad el momento presente, y ved que en él, si está iluminado por la comprensión, vuestra búsqueda se concluye definitivamente.

Abandonad toda esperanza que os haga esperar alguna cosa. Abandonad toda tentativa de fuga hacia otro sitio hipotético o futuro.

Abandonad toda búsqueda creadora de ilusiones sin fin.

Para el Absoluto no existe preferencia o superioridad entre la iluminación y la ignorancia. Pues, vosotros sois este Absoluto.

Aceptad lo que ES, integralmente, conscientemente, con alegría y plenitud.

De hoy en adelante no esperéis ya nada, vivid vuestra vida, pues vuestra vida es eterna; y el instante presente es parcela de esta eternidad sin comienzo.

Sois el Ser Supremo, ya que el Ser Supremo es único y, por tanto, el Ser Supremo es el único Ser.

¿Qué queréis alcanzar?.

Sois a la vez lo individual y lo universal. Lo inmutable y lo cambiante. Lo de afuera y lo de adentro.

Hay que ver al absurdidad de la búsqueda y reíros del juego que acaba. Habéis jugado al escondite con vosotros mismos, vosotros sois el Ser Eterno y Único que engloba todo. Os habéis divertido individualizándoos, y al individualizaros os habéis olvidado de lo que sois. Os habéis divertido buscándoos, pero ahora el juego finaliza, pues os habéis encontrado de nuevo.

Otro juego comienza y cada día es un juego.

Vivid el juego extraordinario de la vida humana. Este juego que consiste, en una fracción de vuestra eternidad, en beber cuando tengáis sed, comer, dormir, hablar, leer, viajar, y trabajar, amar y luchar, etc.

Vivid esto de instante en instante.

Abandona todo deseo de alcanzar una liberación.

¿El Absoluto, que vosotros sois, de qué querría liberarse?.

El deseo de liberación es engendrado por la ilusión del aprisionamiento. Constatad que sois libres. Es en vuestra total y eterna libertad que habéis querido jugar el juego de la vida humana. ¿Por qué, pues, ahora queréis algo diferente?. Eres tú quien ha engendrado este estado de conciencia que es el de la vida humana. Reconoced en ella la concretización de vuestro propio deseo anteriormente formulado, y aceptad vuestra propia voluntad cósmica. Voluntad por la que vosotros estáis aquí abajo. La condición humana no es humillante para el que conoce su Naturaleza verdadera e intemporal. ¿En qué podría estar ligado el espectador interno a tal o cual espectáculo efímero?. Cautivado por el espectáculo os habéis identificado con el protagonista y os habéis olvidado que sois el Espectador. Así de nuevo os sentís ser el que mira. Sin embargo, esta toma de conciencia no podría engendrar el fin del espectáculo, pues, el espectáculo contiene un dinamismo intrínseco. La vida, por tanto, continúa. ¿Por qué eso sería lamentable?. ¿El espectáculo es para el espectador una advertencia o bien un ocio momentáneo?.

Habiendo comprendido el aspecto cósmicamente lúcido de la existencia, no os entretengáis más en la distinción entre el espectador y el espectáculo, pues, esto también contiene un aspecto ilusorio. El espectáculo y el espectador forman sólo uno, ya que el espectáculo de la existencia está compuesto por las percepciones que atraviesan la conciencia de Aquel que existe. La conciencia no es algo especial que se pueda aislar de lo que ella contiene.

Por medio de la discriminación entre el espectador y el espectáculo, habéis comprendido que la conciencia no estaba limitada por lo que era percibido, es decir, por el espectáculo. Es preciso, ahora, ir más lejos. Esta discriminación que ha sido una ayuda se vuelve ahora un obstáculo, si os ha llevado a imaginar la existencia de dos realidades separadas. Pues, si la conciencia no está limitada por lo percibido, ella no es tampoco distinta, ya que lo percibido está impregnado de conciencia. Existe  la percepción subjetiva, impregnada por la conciencia estrechamente focalizada en una percepción individualizada. Existe la percepción objetiva, impregnada por la conciencia más ampliamente focalizada en una percepción colectiva. Existe conciencia sin percepción, pero no existen percepciones fuera de la conciencia. En cada percepción, la conciencia, la Única y Universal Conciencia está, por tanto, presente. De este hecho, creer que es preciso eliminar las percepciones para alcanzar la Conciencia es ser la víctima de una singular quimera.

Insistimos aún más sobre este tema, expresándonos de forma diferente:

¿El hecho de Ser es alguna cosa que engloba todas las formas de existir, o bien es una realidad particular que excluye ciertas formas de existencia?.

Reflexionad sobre esto.

Si el hecho de Ser es englobante y no excluyente, lo que es una evidencia, esto significa que en este mismo instante, todo lo que percibís interior y exteriormente forma parte integrante del Ser.

Sigamos insistiendo en las consecuencias de esta comprensión:

¿El Espíritu está contenido dentro del cuerpo, el cual es, él mismo parte del mundo material?.

La concepción corriente, nacida de la ignorancia metafísica, da una respuesta afirmativa.

Debéis haber comprendido que el cuerpo físico y el mundo material están contenidos en el Espíritu, y no al contrario. Pues en sentido absoluto, no existe mundo exterior al Espíritu. Y no hay realidad física en oposición a la realidad del Espíritu.

El Espíritu es el Todo y todo está contenido en el Espíritu.

La exterioridad, la corporeidad, la materialidad son categorías específicas de percepciones. Es el carácter específico de estas percepciones lo que os da la experiencia cotidiana de un mundo exterior, poblado de cuerpos materiales. Pero en sí, es decir fuera de la verdad de este carácter específico perceptivo, eso no tiene ninguna realidad.

No interpretéis esto de pasada, concluyendo que el mundo exterior, tal y como lo veis y lo sentís, no existe. Pues estas percepciones existen verdaderamente y sus caracteres específicos las distinguen del mundo interior.

Lo que en la experiencia humana cotidiana se presenta como el mundo exterior está formado, pues, por un tipo específico de percepciones; mientras que lo que aparece como constituyendo, para cada uno de nosotros, nuestro mundo interior, está formado por otro tipo específico de percepciones. Esta es la evidencia, que nos es preciso, extrañamente, recordar a todos los que olvidan este género de evidencia. Pero todo eso no son más que percepciones y no poseen ninguna realidad fuera de su apariencia y de su realidad perceptiva.

Todas las percepciones producidas por el Espíritu Único, están contenidas en este Espíritu.

El Espíritu piensa y percibe lo que él piensa.

En consecuencia, la comprensión del Espíritu no es alcanzada por aquel que se aísla o que elimine tal o cual tipo de percepción.

Lo que quiere decir, en términos quizás más claros y más opcionales, que la gnosis suprema no es alcanzada por aquel que, gracias al desarrollo de una capacidad de aislamiento, deja de percibir el cuerpo así como el mundo exterior, e interrumpe toda percepción mental deteniendo el pensamiento. Es, por tanto, los que han creído, los que han buscado un estado definitivo de trance contemplativo, viven un tipo especial de experiencia. Pero todas las experiencias están contenidas en el Espíritu. Es la comprensión de esto lo que es iluminador y lo que pone fin a la búsqueda; pues sólo aquel que no sabe de una manera profunda y total que él es este Espíritu que engloba todo, puede imaginarse que es preciso perseguir exclusivamente tal o cual tipo de experiencia.

El Despertar y el no-Despertar están incluidos en vuestra realidad englobante. Si comprendéis verdaderamente esto, dejaréis de buscar el Despertar y de huir del sueño.

El deseo del Despertar que ha sido el motor indispensable de vuestra búsqueda, debe ser abandonado en la meta de vuestra búsqueda.

¿Quiere decir esto, en definitiva, que daréis la espalda a la espiritualidad y os complaceréis en la identificación ignorante?.

No, y sobre este punto os pedimos que pongáis mucha atención, pues si hubiera una mala comprensión, el peregrino que deja la búsqueda, puede, o bien realizar el objeto de la búsqueda, o bien volver a caer en el estado de ignorancia de aquel que nunca ha buscado nada. En este estadio, más fino que el espesor de un cabello, es el espacio que separa el error de la comprensión definitiva de la Verdad.

Intentemos ser claros:

Cuando el Despertar es conocido, es preciso abandonar la búsqueda del Despertar. Dejar la búsqueda del Despertar, no es dar la espalda al Despertar. Por otra parte, ¿cómo podríais dar la espalda al Despertar, si el Despertar os es verdaderamente conocido?.

En la búsqueda de una Realización Espiritual, es decir, en la búsqueda de algo diferente, diferente de lo que ES, hay un apego, una angustia, un deseo, una esperanza, una voluntad de adquisición egótica, y eso es un lazo de la ignorancia, y ello resulta de la no comprensión de la globalidad del Ser.

Al comprender que el Despertar y el no-Despertar no son más que espectáculos diferentes percibidos por lo que sois; comprendéis que la búsqueda del Despertar es el resultado de la ilusión en la que os identificáis con lo que es percibido.

El apego al Despertar es la forma más sutil de apego, y de la identificación errónea que lo motiva.

Por lo tanto, dejad de buscar el Despertar. Aceptad el no-Despertar y el Despertar como estando, con el mismo título, contenidos en el espectáculo existencial.

¿Y qué ocurre entonces?.

Constatáis que el Despertar no desaparece. ¿Por qué iba a desaparecer?. El Despertar y el no-Despertar se alternan como antes dentro de cada jornada. El Despertar será siempre igual de inefable. El no-Despertar será siempre igual de estúpido y oscuro. De este hecho, poco a poco, naturalmente, el Despertar tomará un sitio cada vez más y más importante en vuestra vida, hasta acabar por impregnarla totalmente. Pero habiendo abandonado toda esperanza, toda espera, toda búsqueda mirando hacia el futuro, habréis renunciado a toda avidez espiritual.

Como un río que corre hacia el mar, vuestra existencia irá hacia la beatitud integral.

El esfuerzo continuará siendo requerido, durante tanto tiempo como el Despertar no se haya instalado definitivamente. Será preciso sin cesar reinstaurar la vigilancia del Despertar. Será preciso, con una paciencia inquebrantable, sacar al mental de su sopor. A pesar de este esfuerzo no esperéis nunca nada.

El deseo de Realización Espiritual ha desaparecido. Habéis dejado de juzgar vuestro grado de realización. Eso ya no os interesa. Sabéis que es una trampa del mental.

Cada día es necesario el esfuerzo. Cada día lucharéis contra el sueño y os sumergiréis en el Despertar. Hacéis esto sin una razón, sin esperar ni buscar nada.

El resultado o no resultado os es indiferente, ya que está contenido en vuestra Realidad englobante.

Sabéis que de hoy en adelante ya no podréis vivir sin el Despertar, es todo lo que sabéis.

¿Qué importa el tiempo que dure, en total calma, vuestro sendero hacia la Luz Absoluta?. Sois niños de la Eternidad.

Sois el infinito que juega a perderse y a encontrarse. Querer obtener esto o aquello es crear obstáculos.

El Despertar se instala desde que os acordáis de El. Cuanto más permanezcáis en Despertar, un mayor gusto profundo y exigente por la beatitud, que en El se encuentra, se instala. De ahora en adelante os basta con vivir la vida de todos los días, con toda la vigilancia que sea posible. Toda mirada hacia el futuro es una droga perturbadora.

La noción de búsqueda implica una distancia entre vosotros y lo que buscáis. Esta distancia no existe en el Despertar.

Desde que os acordéis del Despertar, estaréis Despiertos. Si no estáis en Despertar es que lo habéis olvidado. De ahora en adelante, no existe ningún momento que deba ser consagrado a la estúpida búsqueda de lo que poseéis instantáneamente.