INSTANTE PRESENTE

Parece preferible iniciarse en la observación de una forma fragmentaria, procediendo por etapas sucesivas y respetando el orden de progresión según la dificultad. Lo que significa que comenzaremos por la observación del cuerpo, después añadiremos la observación de los sentimientos para seguidamente añadir la de los pensamientos.

La observación al principio poco analítica de los sentimientos, sensaciones y pensamientos, es una primera etapa muy importante, cuya finalidad es la de llegar al sentimiento de nuestra independencia con respecto a lo que considerábamos anteriormente como nosotros mismos, ya que cometimos el error de identificarnos con la personalidad humana.

Pero a la vez que hayamos conseguido esta sensación de independencia y la hayamos reforzado, deberemos alargar el campo de nuestra toma de consciencia. Para ello, las tres categorías de observación indicadas deben fundirse en una sola, en una observación global; y a esta observación global debe añadirse la observación de acontecimientos y cosas, cuya percepción puebla cada circunstancia.

Se trata de estar plenamente atento y consciente de lo que se manifiesta de instante en instante. Y lo que se manifiesta en el instante presente tanto en el universo interior como en el mundo exterior. Esta división de la realidad entre interioridad y exterioridad no tiene ningún fundamento cuando se trata de una observación integral.

En esta observación integral, todos los fenómenos interiores y exteriores deben ser englobados en una toma de consciencia única. Esta toma de consciencia única será la del instante presente.

Habiendo comprendido que no soy el hombre, sino el espectador de la fenomenología temporal, el conglomerado de pensamientos, sentimientos y sensaciones que componen la personalidad humana, no son ya sino una categoría de fenómenos particulares percibidos por mi consciencia. Pero si el hombre no es para mi consciencia más que un conjunto de fenómenos particulares que ella percibe, no hay ninguna razón para que permanezca bloqueada en esa categoría de fenómenos particulares que componen la personalidad humana. En una palabra: La percepción de un cenicero es tan interesante como la percepción de un pensamiento. Ambos forman parte del espectáculo existencial percibido por mi consciencia.

Conceder una importancia particular a la personalidad humana, es no haberse desidentificado totalmente.

No darle una importancia particular a la personalidad humana, es considerar a todos los fenómenos percibidos con un interés equivalente.

Si todos los fenómenos tienen un interés equivalente, mi toma de consciencia deberá dirigirse hacia cualquier categoría de percepción, ya sean interiores o exteriores a la personalidad humana. Personalidad humana que con relación a mí mismo es exterior a lo que yo soy en mi Realidad contemplativa e intemporal.

Observarlos pensamientos, los sentimientos y las sensaciones sin englobar las percepciones del mundo exterior, es proceder de una forma arbitrariamente selectiva. Esta actitud manifiesta una voluntad deliberada de introversión. Hay un repliegue sobre la personalidad humana. Este tipo de repliegue es un reflejo de defensa y de escape, dando a entender una incapacidad de adaptación a la realidad, lo que resulta totalmente incompatible con el Despertar que debe caracterizarse por la toma de consciencia de lo que Es a todos los niveles.

Debemos pues alejarnos de las espiritualidades introspectivas, que tienen por objeto el aislar a la personalidad humana de la realidad del mundo exterior y encerrarla en sí misma.

Del mismo modo, debemos tener cuidado con las espiritualidades extrovertidas que se despreocupan del mundo interior y están destinadas a convertirse en doctrinas sociales más que en una apertura a la Transcendencia.

Por la observación global, tomamos consciencia de lo que se manifiesta de instante en instante en la personalidad humana, y en el mundo que la rodea, obteniendo un equilibrio entre introversión y extroversión. Observo lo que llama la atención a mi consciencia; a veces habrá un espontáneo predominio de las percepciones interiores, otras veces ese predominio espontáneo será el de las percepciones exteriores.

Si mi toma de consciencia ha sido orientada hacia la personalidad humana en lugar de ser dirigida hacia el instante presente, la percepción del mundo exterior se efectúa con una intensidad secundaria, dirigiendo lo esencial de mi observación al espacio interior. De ello resulta la introversión, que refuerza la personalidad con respecto al mundo exterior.

Por el contrario, la observación global engendra la disolución de la personalidad en la totalidad de lo percibido. Los pensamientos, sentimientos y sensaciones, aparecen como un simple fragmento de los fenómenos que pueblan el instante. En nuestra aprehensión de lo vivido la personalidad humana pasa entonces a segundo plano, lo que engendra profundas repercusiones a nivel psicológico.

Con la atención puesta en los contenidos del instante presente, los contenidos de la personalidad no tienen más que un interés anecdótico. Concedemos demasiada importancia a los pensamientos, sentimientos y sensaciones cuando estamos en la actitud interior de un hombre encerrado en sí mismo. Pero si estamos atentos a la totalidad de lo que existe en lo inmediato, en la fiesta del instante, todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones nos van a dar la impresión de ser algo bien pequeño.

La observación global del instante revela que el egoísmo es la consecuencia de una reducción del campo de atención. Hay que concentrarse en la personalidad humana para darle importancia. Es así como nos olvidamos en una total inconsciencia del resto del conjunto existencial, engendrando la introversión y el egocentrismo.

Si estás concentrado en tu yo humano, no podrás ver a los otros, ni la belleza de las cosas, ni la plenitud del instante.

Estar plenamente atento al instante que pasa, es sentir la inefable presencia del infinito.

Los fenómenos de la existencia se perfilan delante del telón de fondo del infinito y son impregnados de su sabor.

El infinito es percibido paralelamente a la totalidad de los fenómenos, pues se transparenta detrás de todo lo que existe.

Estad atentos, plenamente atentos y conscientes a todo lo que vuestros sentidos perciben. Ved, escuchad, pensad, percibir lo que os rodea, participando conscientemente de esta percepción.

Sin embargo, no se puede percibir todo con la misma intensidad. Esto es imposible. Querer asir y juntar con avidez el mayor número posible de percepciones es una actitud incompatible con la gran paz del Despertar. Deja que tu atención se concentre en algo y deja el resto. Deja que vaya de una percepción a otra. Lo que cuenta no es la dirección que tome, sino la intensidad. Acompaña en todo a tu atención. Hay que estar totalmente en ella. Esta es la experiencia de una vida plena e intensa.

Cuando eres plenamente consciente, la más ordinaria mediocridad se convierte en algo hermoso. Es la maravilla del instante. Te sientes interiormente ligero y luminoso. Mueren los pensamientos inútiles. Estás donde estás, pero estás integralmente. No estás perdido en ensoñaciones, temores o hábitos mentales. Vives intensamente el instante que pasa. Tu percepción aprehende las cosas habituales, pero tu participación consciente en esta percepción, engendra un estado de consciencia radicalmente diferente.

Los pensamientos, sentimientos y sensaciones que pueden surgir se integran naturalmente en la totalidad de lo que percibes.

 

Tu percepción crece en el interior de ella misma.

Hay revelación de la Beatitud de lo vivido.