LA ILUMINACIÓN

Para llegar a la realización del Despertar espiritual, es necesario un recorrido. Sin embargo, la aparición de este estado es brusca y repentina. Es una iluminación interior, un silencioso desgarro de la mente.

El Despertar es percibido como luminoso en relación al aspecto de la mente del hombre ordinario que es oscuro y tenebroso. En el momento de su aparición, al principio unos instantes, después en oleadas sucesivas de duración creciente antes de instalarse de manera definitiva, tenemos la impresión de despertarnos, de salir de la inmensa pesadilla de una vida apagada, gris, angustiada, mezquina, llena de deseos abortados, de insatisfacciones y de esperanzas siempre marchitas.

Es por medio de una clarificación interior gradual como comprendemos que el apaciguamiento de los problemas que nos atormentan, reside en nosotros mismos. Poco a poco nuestro espíritu se desprende de las ilusiones, de las crispaciones, y de las posiciones falsas, que son las verdaderas responsables de nuestros sufrimientos y de nuestras insatisfacciones psicológicas. Nuestros errores, su causa y su origen se nos muestra y nos liberamos de ellos.

Mientras que la realización espiritual no haya purificado nuestros ojos y transfigurado la mirada que ponemos en la existencia, nuestra percepción del mundo es falsa, incompleta y disparatada. La Verdad y la Realidad nos son desconocidas, vivimos como ciegos y permanecemos en la oscuridad.

Hay que despertar al espíritu y liberarlo de sus trabas para que pueda acceder a la percepción de lo Real. Esto se obtiene rompiendo las ligaduras que nos atan a los espejismos engendrados por la proyección de nuestras concepciones sobre nuestra percepción del mundo. Para percibir la Realidad debemos estar completamente vacíos y receptivos, de otra forma, no percibiremos sino el reflejo de nuestras quimeras interiores. Por medio de la iluminación del Despertar, emergemos en la percepción de la verdadera Realidad, y nos damos cuenta de que antes de su aparición mirábamos el mundo sin ver su Realidad última e inmediata. La multitud de nuestros pensamientos, de nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestros proyectos, de nuestros miedos, nos lo impedían. Cuando Despertamos, todo se apacigua y desaparece, un gran silencio nos habita, y percibimos el mundo en su realidad original e Inefable. Esta percepción nos colma de alegría y de gozo. En ella vivimos la plenitud perfecta de cada instante.

Es pues hacia una sutil transformación de nuestra forma de ver, de vivir y de sentir, hacia lo que nos encamina la iniciación al Despertar.

No se trata de una transformación artificial que en el fondo nos es extraña. El proceso consiste más bien en un continuo y progresivo despojarse interior hasta encontrar la forma de percibir, de comprender y de existir que se encuentra en el origen de nuestra verdadera naturaleza. Por el Despertar espiritual, volvemos a encontrarnos con nosotros mismos, a descubrir, bajo los artificios donde estaba encerrado, nuestro Yo profundo, en su dimensión metafísica, su libertad intemporal e inalterable.

Esta realización no debe incitarnos a evadirnos de la vida humana, para huir a una transcendencia inmutable. Al contrario, ella restituye a la existencia su alto valor. Volvemos a encontrar la espontaneidad primera, y la vida se convierte en una bendición cotidiana, en una constante fuente de alegría.

Esto no quiere decir que el hombre Despierto no vaya a conocer ya el sufrimiento, la pena, el fracaso y las vicisitudes inherentes a la condición humana. Lo que significa es que permanecerá siempre en unión con la inalterabilidad de su naturaleza profunda, y que desde entonces, cualquiera que sean las pruebas que pueda sufrir, en el fondo de él mismo, permanecerá sereno y libre. Más allá de toda prueba y a través de ellas, que adquirirán la transparencia de una significación espiritual, permanecerá en una inefable comunión con el Universo.

El Despertar no es un postulado teórico. Es un hecho experimental.

Este estado no tiene nada de extraordinario. Es un despliegue interior que puede ser realizado por todos. Y sólo en él podremos llegar a una plena y perfecta realización de nuestra existencia individual.