LA INTERROGACIÓN FUNDAMENTAL

¿Por qué habéis nacido?. ¿Qué hacéis en este universo extraño e inesperado?.

No os contentéis con leer estas dos frases interrogativas; deteneros algunos instantes; levantad los ojos de esta hoja de papel; mirad el espacio, el vacío del espacio que se extiende a vuestro alrededor, mirad fijamente lo invisible y preguntaros:

¿Por qué he nacido?. ¿Qué hago aquí?. ¿Cuál es el sentido de mi vida?.

Es necesario plantear estas preguntas con la profundidad y la calma precisas. Con toda tranquilidad, sin impaciencia. El mental no está habituado a esta clase de preguntas. Planteándolas y dejándolas resonar en vosotros, quizá constataréis que el mental está desorientado, no encuentra qué decir, se perturba o a veces se angustia.

Para responder a estas cuestiones tan simples y esenciales, se puede echar mano de creencias o teorías filosóficas. Pero si permanecéis en calma y en paz frente a la interrogación fundamental, percibiréis claramente la no-validez de los conceptos emitidos por el mental. Las hipótesis y las explicaciones son refugios, son máscaras que disimulan la verdad.

A vosotros que permanecéis tranquilamente sentados, sin huir de la interrogación fundamental, sin eludirla, sin satisfaceros con los balbuceos del mental. A vosotros que, sin caer en la plaga de la prisa, permanecéis saboreando el interior de esta cuestión, una verdad angular os será revelada.

Después de haber contemplado los vanos intentos de respuesta del mental, después de haber constatado su incapacidad para responder cabalmente a la interrogación existencial fundamental, acabaréis por comprender y admitir definitivamente que el mental es incapaz. Y eso en sí, ya es una gran cosa.

Una vez constatada la incapacidad del mental, y renunciado a todas sus respuestas, no huyáis, permaneced con esta interrogación vibrante en vuestro corazón.

Mirad apaciblemente a vuestro alrededor y preguntaros: ¿Por qué he nacido?”.

Dejad que esta cuestión descienda a vosotros. Poco a poco una respuesta no mental surgirá. Sabréis con toda evidencia por qué estáis aquí. La respuesta está en el resplandor del cielo que contempláis, en las nubes que pasan, en la hoja muerta que el viento mueve, en la inmovilidad de la piedra y en el reflejo del agua. La respuesta está en esta alegría purísima, que se manifiesta en vosotros y se dilata en un éxtasis muy apacible. No es una respuesta mental, es una revelación que vivís con la totalidad de vuestro cuerpo y de vuestra sensibilidad.

Sabéis que habéis venido a la tierra para vivir este instante y multitud de otros instantes parecidos. Habéis entrado en este extraño sueño de la vida humana para contemplar su belleza. No existe otra razón. La existencia es una fantasmagoría gratuita, que brota en el seno de los abismos eternos de la Consciencia.

Id a pasear por la naturaleza, sentaros en un lugar propicio, interrogaros y mirad la respuesta en lo que os rodea. Al volver de vuestro paseo, contemplad esta respuesta en todo. Percibidla en el ladrido del perro, el juego del niño, la ocupación de los hombres y el balanceo del árbol.

Comprended la belleza y lo gratuito de la existencia. Lo otro es inútil. No existe ninguna necesidad de metafísica. Es un juego libre y gratuito. Una expresión de la alegría.

Por la alegría son engendrados en lo Eterno, la multitud de los universos. En la alegría las miríadas de existencias crecen, evolucionan hacia una alegría más grande.

¡Ved como las cosas son paradójicas!. El hombre se plantea cuestiones, se pregunta por qué ha nacido, se interroga sobre el sentido de la existencia, cuando la respuesta la tiene ante su mirada.

Las cuestiones son el fruto del mental, encierran al pensador en su laberinto, mientras que la respuesta se encuentra en una plenitud que supera al pensamiento.

No os quedéis con la respuesta que se os acaba de dar. No os serviría de nada. No haríais más que acumular otro concepto más. La respuesta para ser real debe ser vivida. El mental no puede más que razonar, es incapaz de vivir esto. Ningún razonamiento lleva a la plenitud. Ésta surge cuando el mental se calla y cuando se manifiesta en vosotros el silencio de una extrema lucidez.

No se trata de una comprensión mental. Vivid la interrogación fundamental y dejad que la respuesta surja, no la fabriquéis, id hacia la experiencia de la beatitud de lo vivido.

Los razonamientos del mental no aceptan desaparecer tan fácilmente. Nuevas cuestiones pueden aparecer y turbar la paz obtenida. “¿Si la vida no tiene otro fin que el de saborear la plenitud de la existencia, por qué existe entonces el sufrimiento?”. Esta es una vieja cuestión que siempre repiten los hombres.

El sufrimiento es la sombra necesaria para la existencia de la Luz. Es la sensibilidad de las formas de vida la que engendra la experiencia del sufrimiento, ahora bien, es gracias a la sensibilidad que el éxtasis de vivir existe. Quien se lamenta del sufrimiento, espera la insensibilidad, pero en la insensibilidad no existe más que la indiferencia y el aburrimiento.  Es necesario aceptar el riesgo del sufrimiento para conocer el goce de vivir.

La vida es un juego aventurado, y lo Eterno que nunca puede perder nada, al individualizarse, se lanza a las más locas aventuras. La Sabiduría suprema, en su globalidad, contiene las peores locuras. Comprended esto. El universo es un juego maravilloso pero no se limita a la lógica de la razón. El universo es una expansión sin fronteras. No resistáis más y dejaros llevar por él, aceptar sin preferencias la diversidad de las experiencias cotidianas ofrecidas por el destino. No os agarréis a nada, volveros fluidos y dóciles como el agua. Dejaros ahogar en la existencia, todo lo que debe suceder sucede, dejaros llevar.

El sufrimiento constituye “un problema” que inquieta al hombre, pues le aleja del éxtasis existencia. Para quien conoce la plenitud de la vida el sufrimiento desaparece el un océano de beatitud. Ya no es “un problema”, es un sobre-fenómeno. Mil años de sufrimiento se pueden olvidar saboreando un instante  la beatitud.

Por otro lado, ¿creéis que las connotaciones del sufrimiento son inmutables?. ¿Creéis que el sufrimiento lo viven igual todo el mundo?, ¿sabéis en qué se convierte el sufrimiento para aquel que lo acepta integralmente?.

Quien acepta sin resistencia la totalidad de la existencia como un disfrute gratuito, verá modificarse el significado del sufrimiento.

La aceptación de la existencia como expresión de goce, viene seguida del desapego y de la ausencia de pasión. Cuando todo es goce, uno no se agarra ya a nada. Los que se agarran a algo son aquellos que, por un singular estrechamiento de su capacidad de éxtasis, no encuentran ya gozo más que en esto, o aquello.

Si el sexo se vuelve el único objeto de goce para mí, me agarraré desesperadamente a él. Si el dinero, mi casa, o mis hijos juegan el mismo papel, me aferraré a ellos con todas mis fuerzas, pues el hombre está hecho para ser feliz; y cuanto más estrechos son los canales de expresión de este impulso hacia el placer, las manifestaciones se vuelven más pasionales y excitadas. Pero si comprendo que todo es goce, si todos los actos de la vida cotidiana se vuelven para mí un juego, ¿a qué me apegaré?. No tengo ninguna razón para aferrarme a nada. Toda privación es inmediatamente compensada por otras fuentes de éxtasis.

Llegar a la plenitud de lo vivido es simple. Es suficiente volverse atento e interiormente silencioso. Mirad y vivir participando plenamente.

Comprended vuestra eternidad. Cuando delante de sí se tiene la eternidad, no se puede perder ni ganar nada y la pasión se apaga. Sois lo Eterno y lo eterno tendrá mil veces el tiempo para realizar, encontrar, y volver a empezar.

Todo miedo y toda angustia se basan en la creencia de una realidad temporal Cuando la superstición del tiempo se disuelve es cuando aparece la paz. Estáis fuera del tiempo. Éste no es más que una convención pasajera desprovista de toda realidad profunda.

¿Por qué apegarse a los seres y a las cosas?. Tendréis mil veces tiempo de poseerlo todo. Tendréis mil veces ocasión de encontrarlo todo. Lentamente, con dulzura, como una pluma que vacila en posarse, dejad que día a día esta comprensión descienda en vosotros. Olvidad poco a poco las avideces irrisorias.

Con el fin de las pasiones, con el comienzo de la beatitud, llega el conocimiento de vuestra realidad profunda, eterna e impalpable. Sois Eso, a través de lo cual se difunde la alegría.

Sois la alegría inmutable y serena de la consciencia intemporal, que es el ojo contemplador que reside en toda forma de vida.

Incluso es preciso no aferrarse a este conocimiento. Nada puede perderse en lo Eterno, y vosotros sois lo Eterno.

En eternidades sucesivas, a través de miles forma de vida diferentes, olvidáis este Conocimiento, y lo volvéis a encontrar. No os aferréis. Dejaros llevar. Aceptad eso. Aceptad perder el Conocimiento Transcendente, que tanto esfuerzos os ha costado obtener. Aceptad recomenzar miles de veces para conquistarlo y volverlo a perder. Aceptad el juego inútil y gratuito. No hay nada que alcanzar. Sois eso toda la eternidad. El olvido no es más que un velo momentáneo puesto sobre la permanencia de lo que permanece.

Sois el infinito que se ha vuelto individual, y no hay fin en los viajes que puede realizar, ni en las maravillas que puede contemplar la gota de agua en el seno del océano.

No hay fin para las posibles beatitudes, para los horrores y tristezas aceptadas, que hacen resplandecer nuevas albas.

Estáis más allá de alegráis y de penas. Aceptad vuestra eternidad. Aceptad la diversión eterna de la manifestación Cósmica. Sois el espectador eterno, cuya consciencia eterna se escucha a través de los abismos del vacío infinito. Sois esa Consciencia inmortal que se encuentra dentro de la multitud de seres vivos.

Sois esa Consciencia cálida que es la única presencia. Sois lo que engloba a la luz y a las tinieblas.

No hay ningún comienzo ni fin, pues nunca se obtiene nada, ya que no hay nada que obtener.

Todo no es más que un juego, maravillosamente gratuito e irrisorio.

Sois una plenitud perfecta, a la que nada se puede añadir. Poned esa plenitud en vuestra mirada y vivid con ella.