LA VOCACIÓN

Cuando la gran inmovilidad interior, la gran paz luminosa y la extensión sin fronteras de los sentimientos os son conocidos, es entonces cuando sabéis lo que es el Despertar.

Y, sin embargo, no estáis más que al principio del camino.

Conocéis el Despertar, pero el Despertar se disipa y la vida os acapara.

Este es el gran obstáculo. Este acaparamiento de la existencia que os sumergen en el torbellino cotidiano de lo superficial.

Si no reaccionáis, si no lucháis firmemente, el Despertar se limitará a ser una Realidad entrevista, algunos recuerdos de plenitud, eso es todo lo que quedará al término de vuestra vida.

¿Qué hacer, pues?.

Impedid que la vida os acapare. Debemos luchar para impedir a toda costa que la existencia ahogue nuestra conciencia con sus oleajes.

Hay que resistir, no dejarse arrastrar, y conservar en vosotros el inmenso despojo, la extraordinaria extensión y la dulce paz del Despertar.

¿Cómo podemos resistir?.

Limpiando vuestra existencia de las preocupaciones materiales superfluas que la habitan. Simplificándola, despojándola.

El contexto materialista de la sociedad que nos rodea busca arrastrarnos hacia un camino que no es el nuestro. Se esfuerza, por medio de una propaganda desvergonzada, inculcaros en vuestro espíritu preocupaciones y motivaciones que os alejan del sendero espiritual.

Analizad vuestras verdaderas necesidades. Liberaos de las falsas necesidades que se os sugieren. Id contra la corriente del condicionamiento colectivo.

Cultivar el Despertar no es seguir el rebaño. El rebaño es un rebaño de adormecidos.

Cultivar el Despertar es destinaros a una existencia de excepción.

Los iniciados son la sal de la Tierra.

Lo que es la regla para la masa no puede ser la ley que vosotros seguís. Por lo tanto, debéis cultivar una independencia de espíritu total. No tenéis ningún provecho que sacar de los consejos y los razonamientos de los que duermen.

Vuestra existencia tiene un fin, una visión diferente de la de ellos.

Vuestros valores no son sus valores. Aceptad la soledad del iniciado. Reforzarla. Vuestra independencia con respecto a la ideología mundana, si está solidamente adquirida, os permitirá hacer un lugar para la búsqueda espiritual.

Entonces, el fin asignada a cada uno de vuestros días estará claro. Cada uno de ellos se convertirá en una lucha entre el Despertar y la inconsciencia, la libertad interior y el acaparamiento.

El Despertar será para vosotros lo único realmente importante. Y desde entonces, ninguna consideración os podrá impedir que luchéis contra el acaparamiento de la existencia.

Todas los que se interrogan sobre las cosas de la espiritualidad, saben que les falta algo, y que una exigencia fundamental permanece en ellos insatisfecha. Lo saben muy bien, pues si no es así, ¿por qué buscan?.

Pero entre los que cuentan con un medio para satisfacer esta aspiración, los ha que en el umbral del descubrimiento, esgrimiendo diversas razones, sin auténtico valor, abandonan el sendero emprendido, para volver a una insípida vida sin ninguna aspiración. Es entonces cuando se pueden valorar el poder de las fuerzas de la ignorancia.

Han comprendido que el Despertar exigía el abandono total de las viejas formas de pensamiento que hasta entonces tenían. Y es eso precisamente lo que no quieren abandonar, a pesar de que son las responsables de sus sufrimientos y vicisitudes. Se encuentran apegados a la oscuridad, y al sueño mental, por medio de la fuerza de la costumbre y la complacencia. Su espíritu está lleno de impurezas, pero se han acostumbrado a ella. Se quejan, pero también a sus quejas se han acostumbrado. Están instalados en la impureza interior. Están apegados, arraigas en su actitud egótica y oscura. Sobrepasar el ego, disipar la oscuridad, curar sus heridas, les da miedo. Aman su debilidad y sus errores. Sólo la parte superior de ellos mismos reclama la Luz. Pero su llamada es ahogada por el conjunto de la personalidad, que se complace en ella misma y no quiere cambio alguno.

Esa es la situación a la que llegan algunos peregrinos.

Sabedlo bien, el Despertar no se instalará nunca en vosotros a menos que desarrolléis una ardiente sed por obtenerlo. No se revelará sino en la medida en la que estéis firmemente decididos a llevar a cabo en vosotros una revolución radical.

El ardor es engendrado por la comprensión. Si no deseamos ardientemente nuestra realización interior, es porque no hemos comprendido en profundidad cuál es nuestra situación existencial. Aquel que sabe que toda vida humana que no consigue una efectiva realización espiritual constituye un dramático fracaso, ese conoce el verdadero ardor.

El ardor es engendrado por el amor. Cuando una profunda relación amorosa nos une con el Señor. Por nuestro deseo de unión mística, el ardor invade nuestra existencia.

Queriendo comprender, tratando de comprender, buscando el comprender, se termina comprendiendo.

Queriendo amar, buscando amar, intentando amar, se termina por amar.

Así el ardor puede ser engendrado, y el fruto del ardor es la vocación. Posee vocación espiritual aquel en quien el acceso al Despertar, el arraigo y la expansión en éste, constituyen el único fin de su existencia.

Podéis creer y esperar, pero mientras no tengáis la vocación, las puertas de la iniciación permanecerán cerradas para vosotros.

¿Tenéis vocación?.

Preguntaros al respecto, averiguar dónde estáis. ¿Tenéis vocación, o bien os encontráis en camino hacia su obtención?.

Si la espiritualidad no es para vosotros una verdadera vocación. Si no hacéis más que añadirla a vuestra vida y no vivir para la espiritualidad, nosotros no podemos sino animaros a que continuéis interesándoos por ella, y desearos de todo corazón, que la bendita vocación descienda sobre vosotros.

¡Ojalá que deseéis y busquéis la vocación!.

Pues la vocación viene a quien la desea y la busca.

Tener vocación es el final de todo un periplo. Generalmente hemos empezado por un simple interés por la espiritualidad. Después ha hecho falta que ese interés creciera hasta convertirse en una verdadera preocupación. Una búsqueda sistemática. A continuación ha sido preciso que tuviéramos experiencias interiores, en las que poder gustar los preludios de la beatitud espiritual. Después ha sido igualmente preciso que, durante nuestros períodos de plenitud mística, el Despertar se haya instalado en nuestra vida, para que así, durante nuestros períodos o ciclos negativos, cuando nos encontrábamos momentáneamente privados de estas experiencias, sufriéramos la terrible caída que nos esperaba al final de dichos ciclos negativos.

Así, por tales meandros, un día hemos llegado a la conclusión de que la vida sin Despertar no merecía la pena ser vivida. Que no era sino tinieblas, bajeza y mediocridad. Ese día pues, hemos sabido que poseíamos la vocación, y que desde entonces el único fin de nuestra vida, era el de la progresión espiritual.

Para quien se encuentra en este estadio, todo comienza. La vida profana se acaba. Es un segundo nacimiento. Entra de pleno derecho en la vida mística.

Cualquiera que haya comprendido que la vocación nos comprometía en una empresa de larga duración, no podrá desanimarse por el número de años que quizá le serán necesarios antes de registrar un comienzo efectivo de Realización.

Hay que comprender que el fin de nuestra vida es la realización espiritual, y que no hacer todo lo que esté en nuestras manos para realizarla de forma práctica, es una negligencia mortal.

La exigencia espiritual no puede encaminarse hacia su propia satisfacción, sin en la medida en la que ésta constituye el fin esencial de nuestra existencia, y que todo otro fin le está explícita y verdaderamente subordinado.

Esto debe ser comprendido profundamente, con todas las consecuencias que de ello se derivan. Es precisamente en la aplicación efectiva de las consecuencias de la vocación, en donde se realiza una gran selección. Pues muchos quieren adornar su vida con la espiritualidad, pero retroceden ante la aridez de la exigencia de una verdadera vocación.

Que quien tenga vocación reflexione sobre el giro que debe dar a su vida. Pues nada debe detenerlo. Ningún sacrificio debe parecerle demasiado arduo. Además, no hay sacrificio sino en la medida en la que hay apego equivocado.

Para realizar cada uno su vocación no es necesario refugiarse en un bosque o en un monasterio. A este respecto, realicemos nuestras aspiraciones más profundas. Permanezcamos en el mundo si nos sentimos profundamente llamados a hacerlo. Abandonémoslo si es eso lo que profundamente sentimos. Pero así estemos en el mundo o fuera, debemos organizar nuestra vida de forma que podamos crecer a la luz del Despertar. Este es el criterio fundamental. No hay reglas rígidas. Cada uno debe observar lo que en su vida es necesario para el crecimiento espiritual y lo que le es nefasto.

Debemos eliminar de nuestra forma de vivir lo que, por propia experiencia, sabemos que es un obstáculo a la implantación de las tomas de conciencia del Despertar en el contexto de cada día. Y al mismo tiempo debemos elegir un modo de vida que nos permita una progresión efectiva en el Despertar.

Esto significa que si el trabajo que realizamos para ganar nuestra vida es incompatible con una búsqueda y un desarrollo espiritual, debemos cambiar de trabajo. Y esto sucede en efecto con algunas profesiones. O mejor dicho con la forma en la que se ejercen ciertas profesiones, y que exigen, ya sea demasiado tiempo, lo que no nos permite el más mínimo respiro, o bien demasiado esfuerzo físico, provocando una excesiva fatiga, o toda una serie de preocupaciones materiales que absorben completamente nuestro espíritu.

Los criterios de éxito social ya no nos sirven. Si nuestro medio familiar o social ejercen sobre nosotros una presión psicológica opuesta a nuestro crecimiento espiritual, debemos dejarlo, de la misma forma que si una costumbre nos molesta, debemos cambiarla. El éxito social era una de las preocupaciones del hombre viejo. Pero ahora, el único criterio que determina nuestro éxito o nuestro fracaso es el siguiente: conseguiremos romper el aprisionamiento existencial que nos acapara para vivir plenamente el Despertar, o no.

Este es el precio de la Liberación.

Si nuestras relaciones amistosas y la influencia que éstas ejercen sobre nosotros nos resultan un lastre desde el punto de vista espiritual, debemos romper con ellas. Si el lugar en el que vivimos no es favorable, debemos irnos, y así para todas las cosas. Sólo el que actúa de esta forma se comporta honestamente con su vocación. De lo contrario es un hipócrita. Y los hipócritas no entrarán en el Reino de los Cielos.

La vocación no es una idea general y vaga. Repitámoslo, las consecuencias prácticas de la vocación son las siguientes: Nuestro fin aquí abajo debe ser el de organizar nuestra vida de la manera más propicia para la realización efectiva de nuestra aspiración espiritual. Y esto de una manera concreta. Pues debemos tener en cuenta nuestras características individuales. En efecto no se trata de pensar en lo que sería de una forma general lo más favorable, sino lo que para nosotros y en nuestras circunstancias es lo más favorable. No se trata tampoco de soñar con unas condiciones de vida ideales y trazar un proyecto para realizarlas, sino que desde ahora debemos arreglarnos lo mejor posible con nuestras posibilidades de vida para que en ella, nuestra espiritualidad se pueda desarrollar, y buscar constantemente mejorar este desarrollo.

Quien no hace esto, quien no lo subordina todo a la espiritualidad, quien no está dispuesto a abandonar todo lo que para él es obstáculo, no alcanzará la meta.

Es una flecha perdida sobre el arco de la existencia.